La 4T y el proceso de nuestra historia

Por Cuauhtémoc Amezcua Dromundo

Andrés Manuel López Obrador es uno de los presidentes con más arraigo popular de nuestra historia, uno de los más vinculados a los intereses y necesidades del pueblo, equiparable en estos aspectos a Benito Juárez y Lázaro Cárdenas. A su administración se le conoce de manera generalizada como el “gobierno de la Cuarta Transformación o la 4T», y él mismo prefiere llamarlo así.

Esta designación tiene una razón histórica, lo que significa que denominar de esta manera al actual período de gobierno no es un recurso retórico, un hecho accidental ni una ocurrencia del presidente, sino que forma parte de todo un proceso que viene de mucho atrás, y está inscrito en la herencia cultural que nuestro pueblo va forjando al mismo tiempo que desarrolla sus luchas.

Pero también significa algo aún más importante: que la Cuarta Transformación necesariamente ha de trascender e ir más adelante del momento en que López Obrador concluya su mandato, porque no es cosa que se pueda agotar en un sexenio, ni se limite a la voluntad de un Jefe de Estado; ni siquiera de una generación de mexicanos patriotas, honestos y antineoliberales, de la que Andrés Manuel forma parte, porque la tarea de cada generación es dejar a las que siguen, a nuestros hijos y nietos, una sociedad mejor, siempre en ascenso y jamás en retroceso. Así lo comprendieron y así lo quisieron también nuestros padres y abuelos y en alcanzar ese objetivo empeñaron sus esfuerzos, sin regateos. A veces, ese justo anhelo se alcanza, otras no: cuestión de circunstancias, pero no obtener los frutos óptimos, no debe ser por falta de entendimiento ni por carencia de empeño.

La Cuarta Transformación, como ya se ha dicho, lo es porque hubo tres grandes, profundos procesos de cambio anteriores; cambios revolucionarios. El que se inició en 1810, que encabezaron, en su arranque, Hidalgo y Morelos, fue el primero: el de mediados del siglo xix, con Juárez y la pléyade de hombres y mujeres de la Reforma, el segundo, y el tercer cambio revolucionario o tercera transformación, es más conocido como la Revolución Mexicana, que inició formalmente Madero, en 1910, y continuó, impulsada por Villa, Zapata, Carranza, y muchos más, en su período de profundización de la lucha armada, y luego, ya en su etapa constructiva, tuvo como figura más destacada a Lázaro Cárdenas, presidente de México, de 1936 a 1940.

El presidente López Obrador rompió la etapa de los neoliberales, por fortuna. Estos nefastos personajes fueron seis: Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto; privatizadores todos, es decir, entreguistas de nuestros recursos al capital extranjero y local; todos dóciles a los mandatos del gobierno de Estados Unidos, y corruptos hasta la médula, y todos gobernando a favor de los más poderosos y en contra del pueblo. Ellos creyeron que sepultaban para siempre el proceso histórico favorable al pueblo, para dar paso a uno contrarrevolucionario, de retrocesos en todos los órdenes. Pero no fue así: ahora, con Andrés Manuel, hemos empezado de nuevo un período de avance, en que el pueblo, los trabajadores, tenemos que luchar con toda nuestra capacidad y toda la tenacidad de que seamos capaces, porque sea muy largo y profundo, porque hay mucho que reconstruir, mucho que recuperar, mucho que mejorar con miras al futuro.

No podemos pensar, pues, la Cuarta Transformación como una tarea limitada al sexenio actual. Sería un absurdo. Éste, bien entendidas las cosas, debemos concebirlo como el gobierno con el que se inicia la 4t, y tenemos que trazarnos el objetivo, desde ahora y con mucha claridad, de llevar al Palacio Nacional a muchos sucesores del actual presidente que también sean antineoliberales, de igual manera patriotas y también honestos: que tengan la mirada muy larga hacia el porvenir, hacia cambios cada vez más a fondo, que se asuman antimperialistas y —más todavía— que lleguen a enarbolar la verdadera mente transcendente tarea de encaminar a México hacia el Socialismo. Porque a todo este proceso es al que legítimamente podemos llamar, la Cuarta y Definitiva Transformación de México.

4 de agosto de 2020.

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